Cuidando la huertita del emprendedor tecnológico

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Para los que no leen más de medio párrafo porque tienen déficit de atención (asumido o no), fiaca o desinterés, les adelanto que lo que viene es largo. Bien largo. Así les ahorro el esfuerzo.

Catarsis Mode ON

Y la catarsis de hoy va dedicada a los “pedidores compulsivos de favorcitos informáticos”. Esos seres tan particulares que “piden” livianamente, con una caradurez admirable,  sin detenerse a pensar ni un segundo en la magnitud de lo que solicitan, y mucho menos en los sacrificios que hay detrás de las personas que con largos años de dedicación y conducta han adquirido las habilidades que les permiten trabajar en tecnología; o dicho de otra forma, que les permiten “administrar la complejidad tecnológica para ganarse la vida“.

Creo que esta cuestión de que en nuestra sociedad las personas seamos cada vez más “multitasking” y que en las últimas dos o tres generaciones (X, Y y Millenials) se haya extendido tanto el manejo de la tecnología como una habilidad que ya no sorprende, debe hacernos prestar atención en algo que comento a continuación.

Los invisibles (trabajando tras bambalinas)

No es lo mismo (¡para nada!) saber manejar teléfonos inteligentes, computadoras u otros gadgets, que trabajar tras bambalinas en lo que a tecnología se refiere, es decir, del lado de la creación de lo que luego el público utiliza, y no del consumo.

Quienes manejamos conocimientos en áreas tecnológicas y trabajamos en ello intentando ubicarnos en el estado del arte (state of the art) nos vemos en la necesidad de lidiar de forma cotidiana con un manejo simultáneo de tareas muy importante (multitasking), basado en infinidad de conceptos,  en una lógica muy precisa y en diversos niveles de abstracción que años atrás hubiera resultado impensable que un humano promedio realizara como práctica habitual. Hoy día, encontrarse con personas multitasking resulta más cotidiano, pero no es lo mismo hablar de quien consume tecnología que referirse a quienes la crean o mejoran.

Y a partir de esta cuestión es que he echado el ojo con más ganas al asunto.

Esto de tener que concentrar tantos conocimientos y tareas simultáneas en cada una de las personas que trabaja en tecnología, a mi entender está generando el terreno propicio para que exista una contraparte negativa, algo así como el villano de turno.

Una contraparte que en medio de la vorágine de nuestras aceleradas vidas cotidianas muchas veces pasamos por alto, y no frenamos ni un minuto a evaluar con ojo crítico:

¿No será que estamos fomentando que suceda el abuso? Así, bien simple.

Me refiero al abuso de los “pedidores” de turno.

Somos muchos los emprendedores hacendosos y entusiastas, y no quiero parecer soberbio (aunque poco me importa lo que parezca si logro transmitir el mensaje con claridad):

Trabajo con tecnología desde niño. Esto que de niño fue mi hobby se fue transformando en mi trabajo con el paso de los años. Pasé gran parte de mi adolescencia desarmando y armando computadoras, aprendiendo lenguajes de programación, realizando acercamientos al mundo de la animación computada, del diseño, de la inteligencia artificial, de la ingeniería electrónica, dando clases, y muchas cosas más.

Ya de grande fui eligiendo y me fui enfocando, para hacer rendir más mi tiempo, especializándome en cuestiones concretas. Hoy trabajo, desde hace casi dos décadas, en lo que podría definir como “la evolución de lo que de chico fue mi hobby“. Mi trabajo se relaciona con áreas del conocimiento que, todas juntas, conforman mi sopa cerebral y mi cerebro es el lugar donde se cuece todo ese caldo. Los resultados de la cocción -según me demuestran los hechos- resultan útiles y satisfactorios en muchas áreas: científicas, sociales, culturales, corporativas y personales (entre otras).

No soy el único que se ha esforzado tanto a lo largo de los años, somos muchos y seguramente algunos de los que lean esto se estarán sintiendo identificados con algunas de mis expresiones, y también sabrán que a pesar del esfuerzo que se requiere para avanzar, nos sigue gustando muchísimo lo que hacemos. Es más, lo queremos seguir haciendo durante mucho tiempo más porque tiene ingredientes que nos atraen y motivan enormemente.

Y me atrevo a decir que somos muchos, hoy, en 2014, los que podríamos considerarnos colegas o que vivimos experiencias de aprendizaje similares, y que hoy es fácil que alguien nos encuentre, ya no somos bichos raros de laboratorio o “neo-hippies tecno-locos“.

Auto-atentado contra la prosperidad

Pero esta abundancia de materia humana con una materia gris adecuada para la gestión y creación de tecnología, con estas neo-habilidades  tan vigentes y tan necesarias me hace parar un ratito a analizar, y se me ocurre lo siguiente:

En medio de nuestro “disfrute intelectual” y  “de la vorágine mental”, cuando estamos en períodos de alta concentración y enfocados en la resolución de nuevos desafíos (o sea, casi siempre), nos olvidamos del gran valor que tiene nuestra actividad y hasta atentamos contra nuestra prosperidad.

Mi planteo es no olvidar, entonces, que todo lo que hacemos quienes trabajamos en tecnología, lo podemos llevar a cabo porque le hemos dedicado un tiempo enorme, durante muchos años de nuestras vidas.

A fuerza de empuje por las grandes inquietudes que nos zumbaban en la cabeza como una mosca que no se iba de ahí, como las que en épocas lejanas podrían haber tenido grandes descubridores o grandes navegadores de los mares que desarrollaron artilugios que aun hoy usamos, más de 500 años después, o quienes navegando por meses han llegado a descubrir “nuevos” continentes.

Y esto pasa, yo estoy seguro que no soy el único a quien le sucede: nos “embalamos” y nos olvidamos de cuidar nuestra huertita.

Y sucede que muchas veces nos olvidamos por completo del mundo, debido a nuestra pasión por hacer y por obtener resultados geniales, nos apartamos bastante de la realidad que otros ven y que por períodos nosotros dejamos de ver.

Eso abona abundantemente el terreno para que otros se abusen de nuestras capacidades, de nuestro tiempo y de nuestras ideas (y esos abusadores seguramente no vean la vida con la misma lente que nosotros).

Hoy no es raro encontrar gente que basa su trabajo en administrar la complejidad. Basta recorrer un poquito LinkedIn o meterse en algún aula de alguna facultad de Ingeniería para darse cuenta, basta charlar un par de minutos con algunos alumnos y profesores. Basta “googlear” sobre programación, nuevas tecnologías, nuevos medios o hardware, y veremos que estas áreas son muy vigentes y es fácil encontrar gente que trabaje en ellas. No solo eso, sino que es un área que posee un impulso vital incomparable con otras.

Pero atentos, porque hay gente que mira “desde afuera” lo que hacemos y a quienes “les parece que lo que hacemos es re-fácil” (o mejor dicho, les conviene que eso parezca).

Okay, Señor: Venga y siéntese en mi silla tantas horas como lo hice yo, busque la posición más cómoda porque al cabo de unas cuantas cientos o miles de horas seguro que le empieza a doler el huesito dulce, y el cuello … y … y … y de la vista mejor ni hablemos.

Cuando el huesito dulce le empiece  molestar, búsquese un buen almohadón y una máquina del tiempo también, ya que estamos, así se pega un viaje a los años 80’s y busca allí el material que muchos de nosotros necesitábamos cuando en nuestro país no había siquiera acceso a Internet. De hecho en los 80’s Internet no era nada parecido a lo que hoy conocemos. ¿Gopher? ¿FTP? ¿Web? Menos que menos.

Vaya, Señor, vaya a los “Encuentros Nerd” que organizábamos en las redes de BBS (FidoNet, EcoNet, SouthNet, etc.) que los hacíamos algunos sábados en el Parque Sarmiento, en Plaza Italia o en un Alto Palermo reluciente -recién inaugurado-. O intercambie, como lo hacíamos nosotros, los tape-backup con “código fuente y tutoriales”, o llenos de las preciadas Norton Guides de fondo azul intenso, que nos permitían aprender a programar, sin tener conexión a ninguna red donde buscáramos contenidos.

Y ni le digo: gástese sus ingresos completos en libros técnicos importados de 3 o 4 kg y algunos del tamaño de la guía telefónica, para aprender muchos lenguajes que quedarían en desuso años después.

Vaya y replique nuestra cruzada por el aprendizaje autodidacta para adelantarse a los tiempos como lo hacíamos en aquellos años. Péguese un viajecito y cruce media Argentina para conocer a su colega del interior con el que chateó unas cuantas veces en algún BBS -de paso, ármese un BBS con un módem de 1200bps y póngale BiModem para bajar y subir archivos a la vez- y escriba mucho en las áreas de echomail y de netmail de la red FTSC que le plazca.

Vaya y pruebe cómo hacer un gateway FTSC – UUCP, y si en dos o tres semanitas de auto-capacitación intensiva puede alcanzar el nivel de razonamientos y de conocimientos que se requieren para adminitrar la complejidad de hoy día desde el lado de los creadores (y no de los consumidores), me paro y lo aplaudo. Es más, lo invito a comer pizza casera, cosa que reservo para unos pocos.

Capas de abstracción

A cada uno de los que trabajamos en esto nos ha llevado muchos años construirlas, para comprender como generar algo útil con todo esto de la tecnología.

Esas capas de abstracción que manejamos nos deberían hacer sentir como superhéroes con su capa. Porque desarrollar tecnología, a mi modo de ver, equivale a tener superpoderes.

Siempre y cuando no nos olvidemos del valor que tiene lo que hacemos, y no usemos esa capa de superhéroe como un mantel, y entonces la manchemos de salsa mientras almorzamos apurados unos fideos recalentados,  con la computadora al lado, porque un cliente-abusador-mal-pagador nos está negreando en un trabajo hi-tech que asumimos sin valorarnos, y quiere todo “para ayer”.

Creo que tenemos que cuidar mucho más nuestros bienes y las herramientas adquiridas con tanto esfuerzo: el conocimiento y la experiencia, para quienes estamos en esto, son todo. Salvo que queramos entrar en el universo paralelo de los vendehumo. Pero  el humo intoxica cerebros propios y ajenos, así que mejor no entrar en esa.

Un enorme ejército de solitarios

Que seamos muchos los que encaramos a la complejidad como cosa de todos los días no significa que ésta desaparezca y que nos la pasemos haciendo “cositas sencillas”.

Acumulamos conocimientos y manejamos con cierta destreza el poder que nos da la abstracción, nuestra herramienta más cotidiana. Esto nos debería dar de comer, pero no solo eso: debería posicionarnos en un muy buen nivel de ingresos y darnos una tranquilidad económica, trabajando en excelentes condiciones.

Cada uno de nosotros podría ser el motor de una gran revolución. Tenemos el intelecto, habilidades de alta calificación técnica e ideas. Pero sobre todo: somos muy trabajadores. Eso sí,  deberíamos pensar muy bien como cuidar entre todos nuestra actividad y nuestras áreas de interés, porque una revolución de solitarios no llega a nada.

Pensemos que a un jardín bien cuidado le crecen árboles y flores, se llena de aves, mientras que en un lugar donde todo el mundo pisotea, ni las lombrices van a querer estar.

La actual situación tecnológica del mundo da lugar a revoluciones derivadas, revoluciones económicas, revoluciones en la forma de relacionarnos, de tratarnos, de comunicarnos, revoluciones en el modo en que se manejan los gobiernos, en el modo en que se evalúa el desempeño o calidad de servicios y productos, y en cosas más profundas que hasta van cambiando nuestros hábitos cotidianos.

Porque lo que hacemos es imprescindible y de gran valor para las sociedades actuales, porque  muchos lo requieren y por más que muchos lo ofrezcan siempre se puede ser mejor, aplicando un diferencial y mucho valor agregado. Y por todo eso, también: el trabajo no hay que regalarlo.

Esta es mi opinión personal.

Recordemos el propio esfuerzo y la inversión que hicimos para saber lo que sabemos y para lograr manejar lo que manejamos.

Muchos de nosotros, mientras hacíamos ese esfuerzo nos ilusionábamos con la idea de que algún día, “saber manejar la complejidad nos permitiría acceder a una calidad de vida soñada, con un trabajo excelente que diera lugar a nuestra vida personal, y con los ingresos necesarios para poder cumplir muchas de nuestras metas personales”.

Pues bien… ¡recordémoslo una vez más!

A no atentar contra uno mismo y contra estos bienes -los conocimientos y la experiencia- que tanto nos ha costado conseguir.

Porque hoy por hoy así como hay gente idealista y emprededora, productiva y multicultural, también hay gente perezosa y con tendencia a abusarse del esfuerzo ajeno.

Esta es mi opinión: a no regalar el esfuerzo y a cuidar la profesión o actividad que con esfuerzo nos hemos construido.

Y como dice el tango: “¡Chan, chan!“.

Muchas gracias por su tiempo de lectura y atención. Me encantaría recibir sus comentarios y debatir.

Geek Heart