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Graciosas palometas parlanchinas

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¿Nace una estrella? ¿Nacen dos estrellas?

O más bien, ¿nos estrellamos?

Parece un chiste pero es cosa seria. Parece humor pero no lo es.

La cuestión es que viviendo y trabajando en Argentina se me presentan muchas situaciones similares a la imagen que pueden ver a continuación. Y para peor, con una frecuencia creciente.

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Palometas Parlanchinas #1

Me identifico con la torcaza de la izquierda, mientras que la de la derecha sería… mmmm… sería… bueno, cada uno tendrá su caso de disparador-automático-de-frases-cohete (o misil teledirigido) con el cual haya tenido que lidiar (o quizás aún esté lidiando) y entonces le pueda asignar un nombre propio a la graciosa torcaza de la derecha.

Muy bien lo resumió mi amigo Fernando C. en la dedicatoria que le dejaría a estas palometas garroneras cuando aparecen con sus grandilocuencias: “Si tu proyecto da chapa y vidriera, te podés poner una ferretería. Éxitos!

¡Es una lucha!

Serenata al destino

Hoy se me dio por recordar… y de repente me acordé…

…de un viaje en colectivo. Pero no de cualquier viaje. Uno que hice en el 165 (el “verde”, para los amigos) desde Turdera hasta Lomas (de Zamora) hace un par de años. Iba a reunirme con Pablo, en una época de prolíficos brainstormings con mis socios de aventuras laborales e intelectuales (entre los cuales siempre estuvieron Alejandro y Darío, entre otros genios).

En ese viaje iba escuchando “Serenata Rap” de Lorenzo Jovanotti.

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En plan -no planeado- de reforma zen

Mi oficinaUna de las cosas que me tiene entretenido desde hace varios meses es mi nueva oficina, bastante más amplia y cómoda que los anteriores espacios que tuve.

En este lento proceso de micro-mundanza encontré la oportunidad para poner en práctica algunos conceptos “zen” que muchos conocemos, como el concepto KISS (Keep It Simple, Stupid!) o el que pregona que “menos es más“. Igualmente debo confesar: No me resulta fácil, para nada. Siempre me rodeé de pilas de papeles, libros, cables y equipos electrónicos.

Mis ambientes de trabajo y estudio nunca fueron algo muy  Zen que digamos, sino más bien un desórden ordenado, que es para mi un estado de cosas en el cual, paradójicamente, les aseguro que encuentro todo, pero son etapas. En ésta que transito por estos días me inspiran más los espacios ordenados y no tan sobrecargados. Será porque estoy manejando demasiados temas a la vez, que necesito que mis ideas se mantengan ordenadas, y un entorno ordenado seguramente inspira.

En tiempos no muy lejanos asociaba “demasiado orden” con falta de proyectos, inactividad o pasividad, pero mi idea fue cambiando con el tiempo, y ahora creo que mi pensamiento era demasiado rotundo, y que la generación espacios es una de las mejores tácticas para entrar en una etapa absorbente -de conocimientos, sensaciones e incluso sentimientos-.